
Cumplo ya 41 años, me queda una vuelta al sol para descubrir el sentido de la vida en la cifra que le obtuvo el superordenador gigantesco en la guía del autoestopista galáctico, al protagonista cuyo nombre ya he olvidado. En este año que me parece todo como un espasmo más del año anterior. Año de fuego e incendios con nuevas etiquetas, de volcanes que avisan y sorprenden, de dilemas con vacunas que no tienen sentido y de lo que no cambia… una política basura. Me quedo de este año todo lo que la paternidad me ha enseñado. La capacidad de resilencia de la gente, los lazos de amistad que junto a la familia hacen que este país se sustente. Me quedo con ver como funcionan las cosas bien, porque tenemos unos profesionales magníficos que trabajan como tiene que ser a pesar de que los de arriba no lo hacen. No hay que venirse abajo e intentarlo una vez más, de intentar arreglar las cosas como sea y trabajar hasta el final. La suerte, las circunstancias y el entorno son fundamentales. Pero podemos con el trabajo de muchos y la concienciación necesaria cambiar las cosas. Las naciones que cambian el estatus, al igual que familias es por esa mentalidad. La planificación y la suerte. Pero no hará nada la suerte si no hay acción, y si no hay constancia. Como decía Ovidio “ La gota rompe la gota no por su fuerza sino por su constancia” habrá que hacerlo hasta estar en el sitio y en el momento adecuado… ¡Allá vamos!

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